Parte de Nuestra Historia.

 

ORÍGENES LEGENDARIOS
A mediados del siglo XVIII, pescadores surcanos que solían bajar por el barranco que llevaba al mar, contemplaron admirados una extraña visión: tras el temor inicial el resplandor de una cruz les convocó a la fe.
Con el tiempo el paraje se convirtió en lugar de oración, y un humilde personaje, el panadero Caicedo, se animó a suplicar en oración la curación de su mujer enferma. Sanó milagrosamente, y él erigió allí una primera ermita y se trasladó a vivir en las inmediaciones.


PRIMEROS CAPELLANES
Tiempo después, probablemente hacia 1805, un antiguo párroco del pueblo de Surco, Pedro Bernardino de Villalta, decidió asumir la responsabilidad de cuidar el culto en la ermita.


Por entonces el futuro Barranco era una zona de pacayares. Uno de los más importantes pertenecía a un noble, el Conde de San Antonio de Vista Alegre, cuya mujer, doña Josefa Zugástegui, más tarde donaría en beneficio de la ermita un rancho o casa campestre de su propiedad.


Estando próxima su muerte, Villalta se preocupó de buscar un sacerdote que continuara cuidando de la ermita y su culto, poniendo los ojos en un padre de la congregación de San Felipe Neri: Gaspar de Abregú.


Al fallecer el primer capellán con fama de santidad, Abregú se empeñó en ampliar el santuario añadiendo dependencias a la pequeña iglesia. Además de la donación de la condesa recibió también un potrero - finca rústica dedicada a la cría de caballos - que le rendiría algunos ingresos.


A principios del siglo XIX Barranco era tan sólo un caserío que en lo eclesiástico correspondía a la vice-parroquia de Chorrillos, como parte de la antigua parroquia de Surco. El padre Abregú vivía en el convento de San Pedro de Lima y para atender la ermita cada fin de semana hacía el trayecto a lomo de mula.


Con los años, haciéndose ya viejo, también Abregú tuvo que pensar en traspasar la responsabilidad de la ermita, y se fijó en un sacerdote de su congregación llamado Manuel de la Fuente Chávez.

 


LA ERMITA DE LA SANTÍSIMA CRUZ DEL BARRANCO
En tiempos de Abregú la ermita consistía en una pequeña iglesia, su sacristía y habitación para el sacerdote. El potrero seguía dando alguna utilidad, y también se contaba con una propiedad denominada 'conventillo'. Pero el rancho de la condesa estaba muy deteriorado porque ocasionalmente el ejército lo usaba como cuartel.


Fuente Chávez se abocó a mejorar la situación: se hizo un préstamo importante y tras derribar el rancho levantó una casona grande con nueve dormitorios, patios y varios ambientes. Para costear la inversión habilitó un terreno contiguo a la ermita y vendió cuatro lotes. De esa forma pudo también renovar el techo de la sacristía y ampliar la iglesia, incluyendo un pequeño cementerio adyacente.


Por desgracia sobrevino la guerra, y en su avance hacia Lima el ejército chileno saqueó la pequeña población del Barranco e incendió por completo la iglesia y sus dependencias.


Meses más tarde, aquel año de 1881, Fuente Chávez comenzó la reedificación de la ermita con el aporte de un donante anónimo, de sí mismo, e incluso del general chileno Lynch, gobernador militar de la Lima ocupada.
Pasado este impulso inicial se vendió el potrero, se alquilaron terrenos y se realizó una colecta pública en la que aportaron particulares e incluso- más tarde - el mismo Congreso de la República.